Los viajes del Papa (de este y de los otros obispos de Roma)
“Pregunta. ¿Qué mensaje trae Benedicto XVI a EE UU?” La pregunta la hizo Yolanda Monge, periodista del Diario El País, de Madrid, ante el viaje de Ratzinger a ese país.
L a respuesta la proporcionó el Obispo de Washington, Francisco González: “Respuesta. Trae el mensaje de que Cristo es la esperanza del mundo. Ante Naciones Unidas enfatizará la importancia de la relación entre las diferentes culturas, hablará contra la violencia que existe en el mundo, contra las guerras que lo desangran y dará un mensaje de esperanza”.
¿Es realmente así? ¿Ha traído este papa un mensaje de esperanza y una posición anti guerra?
Nosotros tenemos nuestras dudas. Nunca ha habido un líder religiosos que haya llamado a las cosas por su nombre cuando se habla de temas contemporáneos.
Porque el hablar contra la guerra tiene que identificar a sus actores y las consecuencias de sus actos.
Primero tendría que condenar a los fabricantes de armas del mundo, que son los que venden sus instrumentos para matar. Segundo, tendría que identificar a los protagonistas de estas guerras –de ambos lados- los terroristas y mercenarios que asesinan sin discriminación. Tercero, habría que llamar a los reyes y presidentes de los países que envían tropas o que permiten que sus países sean escenario de matanzas y genocidios. Cuarto, el discurso no podría dejar afuera a las circunstancias de injusticia que permiten la generación de conflictos y guerras.
Ya hemos visto la actuación de numerosos líderes religiosos en los últimos 50 años y siempre salimos decepcionados de sus posturas. Es que existen muchos intereses comprometidos. Se depende de tantos recursos para poder funcionar. Y muchos de estos intereses y recursos provienen de países y líderes que dicen tener alguna religiosidad pero que son muy pragmáticos a la hora de vivir por sus principios.
Claro, siempre podemos estar equivocados y Ratzinger podría romper con todos los esquemas conocidos. De ser así, sería el primer papa que hablara claro.
Hace dos mil años, uno que no fue papa dijo que donde estuviera nuestro interés, allí estaría también nuestro corazón, para hablar en términos inequívocos acerca de las motivaciones que determinan nuestra fe.
Para poder ser de esta manera, agregó que se debe nacer de nuevo. Y esto, por supuesto es donde Dios. De otra manera sería imposible.
(GS, Lunes 28 de Noviembre, 2011)