La globalización nuestra de cada día
Nos desagrada el poco valor que la globalización pone en el individuo, creando términos ofensivos a la dignidad de todas las personas cuando se habla de pérdidas colaterales para referirse al desempleo de miles de personas cuando las uniones comerciales entre empresas crean monopolios cuyo único interés es el lucro para empresas y accionistas, mientras empleados y obreros enfrentan el presente y el futuro con toda la incertidumbre que podemos visualizar.
Como lo pone Isaías, aquel viejo profeta de Israel. Pon atención al milenario texto: “Pero a ustedes, que se apartan de mí, que se olvidan de mi templo, y ofrecen comida y vino a los dioses de la buena fortuna y del destino, no les espera nada bueno. Porque yo los llamé y ustedes no me respondieron, les hablé y no me obedecieron; hicieron lo que no me gusta, y eligieron lo que no me agrada”. Dios también dijo: “mis fieles seguidores tendrán comida, pero ustedes, los que se apartan de mí, sentirán hambre; mis seguidores tendrán agua, pero ustedes tendrán sed. Mis seguidores se alegrarán, pero ustedes quedarán avergonzados” (Isaías 65:11-13 TLA).
Jesucristo confrontó a los habitantes de su pueblo con el mismo tipo de planteamiento al deducir enseñanzas éticas para todos los que se llamaban a sí mismos como hijos de Dios.
En uno de los evangelios encontramos esta decisión práctica de un hombre que había robado bastante en su vida. Vamos a aclararlo: había robado dentro de un sistema que le permitía hacerlo. Por una parte cobraba los impuestos para el odiado sistema opresor de la época: el imperio romano. Las cuotas estaban más o menos establecidas. Una parte, la más grande para los opresores, y lo que quedaba para los cobradores, que siempre se las arreglaban para tener una buena vida y mucho, mucho dinero.
Pero aquel hombre ve su vida transformada cuando acierta pasar por ahí Jesús de Nazaret y tanto la vida como las acciones de aquel hombre se pesan en la balanza divina.
Entonces el cambio se hace evidente en aquel hombre al decidir por sí mismo que debía devolver el dinero estafado y si era necesario con los interés del mercado para todos los que hubieran sido defraudados por él.
Es que la luz del evangelio alumbra todos los rincones cuando cambia corazones y mentes. Y no sólo eso, sino que provoca acciones en los que son tocados por esa luz.
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