Sunday, January 8, 2012

La TV y sus cambios

La TV y sus cambios o el gran cambio



El mundo increíble de la tecnología probablemente se ha hecho más visible en la transmisión y recepción de las imágenes que nos llegan en alta definición y con los sonidos claros, profundos y variados que nos llegan desde todos los ángulos de la pantalla (lo cual, claro, es una manera de describirlo).

Pero además de esta profusión de tecnologías, los contenidos de programas y películas entran en un campo que demanda más escrutinio y entendimiento de lo que se nos propone.

La televisión “americana” (como proveniente de los EE.UU.) es la que marca la línea de programación para la gran mayoría de los canales y redes de TV en el mundo. Hay una cuestión de fondo que lo explica: producir una serie de 10-12 episodios se puede montar en una millonada, pero cuando se distribuye, convenientemente doblada, cada episodio le sale a los canales locales a un costo entre los 2000 y 3000 dólares, fácilmente obtenibles en el mercado publicitario nacional. Con este dinero no se puede pensar en producir nada a nivel nacional y por eso dependemos de las producciones “importadas” en este caso de los Estados Unidos donde existe una verdadera fábrica para producir películas, seriales o episodios para la televisión.

Y por eso también tenemos que aguantar programas e historias que no guardan relación con lo que pasa todos los días en nuestra propia situación, a veces tan alejada de la realidad que nos confronta todos los días.

Dado que hemos dependido (y seguiremos haciéndolo) de lo que venga del norte, debemos prepararnos para algunas nuevas series y episodios que establecen una muy débil línea entra lo que aceptamos como realidad posible y un mundo de fantasía donde se mezclan espíritus, prácticas vudúes, magia y todo ese espectro de visiones y sensaciones al que ya nos introdujeron los 9 Harry Potter (¿o eran 8?).

La pregunta natural es qué es lo que establece el punto de equilibrio en lo que consideramos normal y lo otro, lo que cae en el campo de la ilusión o la fantasía.

Esta cuestión estuvo ya en la palestra de las discusiones cuando en la Reforma Protestante del siglo 16 se estableció que la base para creer en lo supernatural sólo viene de lo que la Biblia revela.

Y tomando esa regla de medir muy seriamente, nosotros, habitantes de este siglo de luces y portentos podemos decir lo mismo para mantener nuestro equilibrio mental y nuestra higiene espiritual.

(GS, Lunes 9 de enero, 2012).

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