Diciembre 23,
2014 Anuncio de la buenas nuevas
El mes de
diciembre siempre trae noticias para todo el mundo. De eso dan pruebas las
estaciones de radio y televisión que hacen sus recuentos de las noticias y de
los eventos que han sucedido en el año. Y los niños –siempre los niños- esperan
ansiosos, porque se trata de un mes de regalos y presentes que serán los
esperados o no, pero que siempre son bienvenidos.
Sin embargo,
existe una noticia que es muy buena pero que pasa inadvertida para los medios de
comunicación y lamentablemente también la desconoce un gran segmento de la
población. Se trata de la venida de alguien que cambio la historia de la
humanidad. Sucedió hace dos mil años y el lugar fue un villorrio sin
importancia del medio oriente. Como para que no apareciera en las noticias del
día.
Un breve
comentario sobre el texto del evangelio de Marcos, capítulo primero y versículo
1 que dice: “Principio de la buena noticia de Jesús el Mesías, el Hijo de Dios”.
La intención
de Dios al enviar al mensajero, Juan, el Bautista, era anunciar el cumplimiento
de promesas hechas hacía ya varios miles de años. ¡Eso nos parece mucho tiempo
a nosotros, seres humanos que corremos en una carrera que se llama vida moderna
y que no parece dar tregua! Pero en el calendario divino, el tiempo y la
ocasión eran lo correcto.
Para poner
en contexto el anuncio de Juan el Bautista, todo esto cerca del año 30 de la vida terrena de Jesús, tenemos que
aclarar que la situación social y política del mundo era muy diferente a los
que vivimos hoy.
Las
condiciones de vida de los habitantes de la región de Palestina eran de pobreza
y de subsistencia ante la opresión y la explotación a través de los impuestos
directos a cargo del imperio romano. Ellos, los romanos no inventaron los
impuestos, pero si cumplían con el dicho aquel de que hay dos hechos ciertos en
las vidas de todos los seres humanos y de lo cual no podemos escapar: la muerte
y el pago de impuestos.
Pero había
otros problemas: estaba el clasismo que dividía a la sociedad entre los que
detentaban el poder y que lo tenían todo
y aquellos que eran gobernado y que no tenían nada. ¿Y qué vamos a decir de la
cuestión religiosa que le imponía a los judíos una carga de leyes y
mandamientos generados humanamente pero en donde la clase dirigente religiosa
le daba un carácter sagrado.
No, humanamente
parecía no haber salida a toda una situación de opresión en la palabra libertad
solo se conservaba como un objeto de museo…
“Hubo un
tiempo en que la palabra euangelion (= evangelio) servía para indicar la
recompensa que se le otorgaba a quien traía buenas nuevas. Pero gradualmente
comenzó a usarse para apuntar a las buenas nuevas mismas. Este es obviamente su
significado aquí en Marcos 1:1. El evangelio es el mensaje de salvación que se
dirige a un mundo perdido en el pecado. La parte más importante de estas buenas
nuevas no es lo que nosotros hemos de hacer, sino lo que Dios ya ha hecho en
Cristo.
Ahora bien,
este evangelio tiene que ver con “Jesucristo, el Hijo de Dios”. Tanto Marcos como
Juan el Bautista (anunciado en los vv. 2 y 3) tienen en común que siempre
dirigen la atención del pueblo no a ellos mismos, sino hacia su Señor. Es así
que Marcos nunca se menciona a sí mismo por nombre, ni al principio de su
escrito ni en ningún otro lugar, ni siquiera en 14:51, 52. ¡Cuán parecida es su
humildad a la de Juan el Bautista (Jn. 3:30)! Marcos 1:1 le da al Salvador un
título eminente. Su nombre es Jesús, porque efectivamente “él salvará” (véase
Mt. 1:21; 11:27–30; Jn. 14:6; Hch. 4:12). Al nombre personal Jesús, se le añade
el nombre oficial de Cristo, que es el equivalente griego de la palabra hebrea
Mesías, que significa Ungido (véase Is. 61:1; cf. Lc. 4:16–21). Indica que el
portador de dicho título fue ungido por el Espíritu Santo. Es la unción del
Espíritu la que separa, comisiona, habilita y ordena a Cristo a los oficios de
Profeta, Sacerdote y Rey, a fin de llevar a cabo la labor de salvar a su pueblo
para la gloria del Dios Trino.
Después de
“Jesucristo”, se añade el título “el Hijo de Dios”. En su Evangelio, Marcos no sólo
aplica una y otra vez este título a Jesús (además de 1:1, véase también 3:11; 5:7;
9:7;14:61, 62; 15:39), sino que el título armoniza con el hecho de que a través
de todo su libro, Marcos constantemente le atribuye a Jesús cualidades y
actividades divinas, mostrando así que el escritor considera que el Salvador es
efectivamente el Hijo de Dios en el pleno sentido trinitario (y el resto de las
Escrituras confirma este hecho. Cf. Is. 9:6; Mt. 28:18; Jn. 1:1–4; 8:58; 10:30,
33; 20:28; Ro. 9:5; Fil. 2:6; Col. 1:16; 2:9; Heb. 1:8; Ap. 1:8). Sería muy inconsistente
que alguien dijese que Jesús era sabio y bueno, para luego afirmar que no era Hijo
de Dios en un sentido único, porque si Jesús no era efectivamente Dios,
entonces sus pretensiones eran falsas, y si eran falsas, de ningún modo habría sido
sabio y bueno. La negación de la deidad de Jesús destruye los cimientos mismos
sobre los cuales se edifica la esperanza del cristiano.
De manera
que, el principio del evangelio—no el Evangelio de Marcos, sino las buenas nuevas—que
habla de Jesucristo, el Hijo de Dios, ocurrieron tal y como está escrito en
Isaías el profeta: “He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual
preparará tu camino” (William Hendriksen, Comentario al evangelio de Marcos,
Libros Desafío, 1988).
La venida de
Jesucristo al mundo tiene que ver con el gran problema del pecado que se había
posesionado del género humano y que la imposibilitaba una relación con Dios.
Por lo tanto las buenas noticias o el evangelio es la posibilidad de libertad
de las ataduras a las que el ser humano se había atado, en algunos casos
voluntariamente y en otras por una cuestión moral heredada en las que no
tenemos control. Porque en última
instancia fue un hombre, de hecho el primero en existir sobre esta
tierra, quien al pecar o desobedecer a Dios fue el que conoció en forma
experimental el hecho y las consecuencias del pecado.
Fue entonces
el pecado, el que nos separó de Dios y que nos condenó a vivir sin fe ni
esperanza. Si alguien aun no puede ver la importancia del anuncio de las buenas
nuevas que se encarnan en la venida a este mundo de Jesucristo quien se declara
Salvador del mundo, entonces tampoco puede disfrutar la esperanza de la
salvación de los pecados y la nueva relación con Dios.
Ya no
vivimos en el paraíso, sino en un mundo de injusticia, dificultad, dolor y
tentación; en un mundo donde los hijos de Dios muchas veces son perseguidos o
contrariados y donde, a causa de nuestros pecados, habíamos ganado también
nosotros la muerte eterna. Y sin
embargo, también las Escrituras nos hablan del medio para ser librados del
pecado y de esa muerte eterna. Es aquí
donde las Escrituras resaltan la imagen y la persona de Jesucristo, quien vino
como el enviado de Dios para ser el representante nuestro y para cargar
nuestras culpas y pecados en la cruz del Calvario. ¡Qué consuelo es ahora para nosotros saber
que Cristo es nuestro Salvador!
Las
Escrituras también nos hablan del agradecimiento que debemos sentir cada día
por el hecho de haber sido librados de la condenación eterna a través de
Jesucristo. Es a partir de ese momento
cuando tenemos una nueva relación con Dios, una nueva apreciación de esta
creación y, por supuesto, tenemos y sostenemos en alta estima las Sagradas
Escrituras, que así como a nosotros nos han enseñado esta nueva dimensión de
vida, pueden ser también la fuente para muchas personas de manera de que
conozcan lo que nosotros hemos conocido.
Te queda
ahora el comenzar tu propia investigación y tu propia lectura acerca de las
cosas que aquí hemos mencionado. Los
cristianos creemos que la Biblia es la Palabra escrita de Dios. Y pensamos que cada persona tiene el deber y
el privilegio de leer por sí misma acerca de todas estas cosas. ¡Qué bueno sería que tú, a través de tu
propia lectura, llegaras también al convencimiento que anima a millones de
cristianos que creen y confiesan que la Biblia es la Palabra de Dios y que ella
enseña que ¡Jesucristo es la luz del mundo!
Left: The Virgin and Child with Saints and Allegorical
Figures, about 1315–20, Giotto di Bondone (Italian, about 1267–1337). Tempera
and gold leaf on panel. Private Collection. Courtesy of Wildenstein & Co.,
Inc., New York. Right: The Crucifixion, about 1315-20, Giotto di Bondone.
Tempera and gold leaf on panel. Musée des Beaux-Arts de Strasbourg, photo M.
Bertola - See more at: http://blogs.getty.edu/iris/everyones-talking-about-giotto/#sthash.s9QnBLL6.dpuf
Izquierda: La Virgen y el Niño con los santos y
figuras alegóricas, (1315-20); Derecha: La crucifixión (1315-20). Por Giotto di
Bodone, témpera en hojas doradas pintados en panel de madera.

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